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Para elaborar un plan de recuperación urbana, la ciudad debe ser comprendida como un sujeto colectivo ligado al ritmo de vida de sus habitantes. De esta premisa partió el equipo multidisciplinario que trabajó en el Plan Madrid Centro (PMC), convocado por el Ayuntamiento de Madrid. El trabajo de investigación, pensado como fundamento para el debate de nuevas leyes, mereció el Primer Premio Europeo de Planificación Urbana y Regional y el reconocimiento en la categoría Trabajo de Investigación de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de 2012.

Los arquitectos José María Ezquiaga, Juan Herreros y Salvador Pérez Arroyo trabajaron junto con especialistas en cultura, sociedad, movilidad y medioambiente para elaborar un proyecto que mejore la calidad de vida de los residentes del centro madrileño, conformado por el territorio construido que correspondió a la ciudad hasta la década de 1950. El área incluye a los distritos de Arganzuela, Salamanca, Retiro, Centro, Chamberí, Chamartín, Tetuán y parte de Moncloa-Aravaca.

El PMC se propuso afrontar los desafíos que plantea la  globalización, el cambio climático y la transformación social a partir de dos conceptos que los autores consideran fundacionales de un nuevo urbanismo: la transformación y el reciclaje, herramientas con las que en su opinión es posible contrarrestar la estrategia expansionista del mercado. En términos prácticos, la iniciativa priorizó la puesta en valor del capital social, económico, espacial y simbólico en desmedro del crecimiento indiscriminado.

En un principio, la investigación identificó cinco enfoques a considerar. El social, expresado en una fuerte incidencia de la inmigración y  el crecimiento de la marginalidad que acentuó la desigualdad en la población madrileña; el económico, que puso de manifiesto un proceso de “suburbanización metropolitana”, definido por la relocalización en la periferia de las familias, instituciones y actividades económicas; el deterioro del espacio público; las necesidades de  movilidad; y por último, las condiciones de alojamiento.

El estudio comprobó la convivencia de procesos de modernización junto con amplias bolsas de deterioro estructural. Según Ezquiaga, esto es consecuencia de la burbuja inmobiliaria de la última década, que provocó una polarización conformada por atractivas rentas suburbanas en oposición a zonas residenciales deterioradas vinculadas a la inmigración.

Para los autores del proyecto, esta dicotomía puede resolverse con un fuerte apoyo del Estado, aunque el mercado también puede hacer su aporte. En este sentido, el arquitecto Herreros sostiene que “son las administraciones las que deben conducir las transformaciones, pero la intervención del mercado es necesaria si hablamos de acciones de gran envergadura con un destino no sólo de subsidio social”. Herreros se refiere con esto a las ventajas y posibilidades de promover el intercambio entre individuos de diferentes grupos sociales. “Hay una gran cantidad de ciudadanos con la necesidad de precios moderados de alquiler o de compra, entre otras condiciones, que pueden vivir sin prejuicios en estos lugares, infiltrando nueva vida y un cierto espíritu positivo”, ejemplifica.

En cuanto al espacio público, el estudio detectó un proceso de “banalización y pérdida de identidad asociado al deterioro del medioambiente urbano generado por la preeminencia del automóvil”. Sobre este punto, el proyecto sugiere limitar el uso del auto y recuperar la calle como espacio para los ciudadanos, la actividad económica, el descanso y el encuentro. En este sentido, es primordial el concepto de nueva célula urbana, que consiste en la organización de la ciudad en áreas más pequeñas que los barrios, de modo que el tráfico de vehículos se permita sólo a los residentes, mientras que los ciudadanos que estén de paso puedan circular en sus autos sólo por calles principales. Ezquiaga confiesa que “no es una idea radicalmente nueva, sin embargo es efectiva para generar un cambio cultural en los habitantes, que cuidarán el confort peatonal, la accesibilidad ciclista y el medio ambiente de su zona”.  De este modo, “el automovil deja de ser el rey de la ciudad” y es la incorporación activa de la naturaleza, el ahorro energético, la movilidad alternativa, la salud y la sensibilidad hacia lo local, la historia y la geografía lo que recupera el protagonismo.

El PMC nació hace tres años, pero dio vueltas en la cabeza de los investigadores durante décadas. El primer año se trató sólo de escuchar: a otros expertos, a vecinos, a los organismos gubernamentales. Hoy está en marcha a través de una mayor concientización de los ciudadanos, que a partir de la experiencia de la crisis  –originada en parte por el boom inmobiliario– comprendieron que reciclar y transformar también puede ser un buen negocio.

Fuente original: http://arq.clarin.com/urbano/proyecto-revitalizar-centro-Madrid_0_869913217.html

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