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El porteñísimo Teatro Metropolitan recuperó, luego de 6 meses de proyecto e intensas obras, su antiguo esplendor. Así le devolvió a la mítica calle Corrientes –con aires renovados, lustradita y bien iluminada– una de sus radiantes postales Art Decó.

Buenos Aires es una de las grandes capitales mundiales del teatro. Con una oferta de calidad, variada y extensa que abarca su prestigioso circuito oficial, el circuito comercial con epicentro en la avenida Corrientes, y un dinámico y estimulante circuito off diseminado por los barrios. Sin embargo, para que esta industria cultural mantenga su vigencia, ha tenido que ir adecuándose a las transformaciones que sufrió el mundo del espectáculo: la llegada del cine a fines del siglo XIX, su popularización en las primeras décadas del XX, la irrupción de la televisión en los 50 y, en las últimas décadas, la atractiva oferta del video, el cable y la web.

La arquitectura del espectáculo también tuvo que hacer sus esfuerzos. Como señala investigador Alejandro Ochoa Vega en el libro Cines de Buenos Aires. Patrimonio del siglo XX (Ed. CEDODAL), algunas salas emblemáticas consiguieron salvar su impronta, como el Gran Rex, el Opera, el Regio, el 25 de Mayo y el Grand Splendid. Otras sufrieron severas transformaciones: el Normandie fue dividido en cuatro salas, el Monumental en seis, el Metropolitan en dos salas de teatro, el Premier en cuatro, el Suipacha en tres, el Ideal se fraccionó en cuatro salas para cine pornográfico, y otros tantos se reciclaron en templos evangélicos.

El Teatro Metropolitan, proyectado por los ingenieros Germán y J. B. Joselevich, E. Ramírez y Rafael Abril, fue inaugurado en  1937 como cine-teatro con una capacidad impensable para estos días: 2.000 espectadores, repartidos entre la platea y el pullman. Por su escenario pasaron desde espectáculos de ballet, grandes éxitos cinematográficos hasta teatros de revista.

El Metropolitan adscribió al Art Decó, un estilo que celebra el uso de las técnicas modernas del vidrio, el hierro y el hormigón, a la vez que hace uso de nuevos códigos decorativos con formas geométricas, zigzagueantes y un repertorio simbólico asociado con la máquina, la energía, el progreso técnico y la naturaleza domesticada. En los años 30, la versión más comercial de este estilo se implantó con fuerza en Hollywood, “capital” de la industria cinematográfica y del espectáculo en general; en Miami, destino romántico de diversión y descanso, muy de moda en los 30 y 40; y en Nueva York, en rascacielos escalonados como el Rockefeller Center, el Chrysler Building, o el Radio City Music Hall. Sin duda, de este caldo de cultivo emergió el “petit-rascacielo” Metropolitan. A la vez que su iconografía recuerda a Metrópolis (1927), la película de Fritz Lang, joya indiscutida del expresionismo alemán.

Pero el Metropolitan también sufrió los cambios de modalidad en el mundo del espectáculo. En 1980, sus primeros propietarios, la familia Lococo, lo reformaron convirtiéndolo en dos salas de cine. Cuando lo compraron los hermanos Spadone (1989), transforman la sala superior en teatro. En esta última etapa, los empresarios teatrales Pablo Kompel y Carlos Rottemberg le compran el teatro a la Sociedad General de Autores y Editores de España y, con el apoyo del Programa de Recuperación de Teatros del Citi, planifican su remodelación integral y puesta en valor.

La idea fue devolverle al teatro el mítico esplendor de Hollywood. Que “ir al teatro” no solo sea asistir a un espectáculo, sino toda una experiencia, casi una fiesta. Más allá de la puesta a punto y modernización de las salas y sus respectivos servicios, la mayor intervención estuvo en las áreas públicas, donde la actividad social es más intensa. La estrategia del Estudio RK Arquitectura, encargado de la obra, fue antes que nada limpiar, redescubrir lo que las múltiples intervenciones (las no estructurales) fueron ocultando, tratando de respetar al máximo la esencia del edificio original. Y eligieron, como actitud frente a los agregados necesarios, tratar de incorporar elementos contemporáneos que lo doten de dinamismo y sentido actual.

Obrando en consecuencia, reemplazaron la antigua marquesina que tapaba la fachada por otros dos gigantes back-light que acompañan la torre escalonada. Y reforzaron sus contornos y estrías con leds de última generación que suplantaron a las históricas luces de neón.

También limpiaron sus interiores. En los foyers y salas VIP recuperaron los mármoles boticcino , los combinaron con paneles de cuero negro. Y dieron toques de brillo con barandas y artefactos de iluminación cromados, creando un ambiente para disfrutar del encuentro social. En el foyer de planta alta, despejaron un gran ventanal que servirá para ver el movimiento de la avenida Corrientes, entrañable calle porteña por sus teatros, librerías, cafés y pizzerías. Famosa porque dicen que nunca duerme.

Fuente: http://arq.clarin.com/urbano/Metropolitan-vez-esplendor_0_898710219.html

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Aeroleo

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